martes, 7 de febrero de 2017

Sketch de Conan, por Sergio Dávila

Tras conseguir mi primer sketch continué caminando por los pasillos del ComikD.  Muy cerca de Iván Gil encontré otra sesión de firmas. En este caso del artista Jaime Calderón. Un autor del que tengo todas sus novelas gráficas pero que no las había traído conmigo. Además tenía una cola de unas seis o siete personas con lo que no tenía posibilidades. Os recuerdo que solo podía estar una hora en el Salón. Tuve que renunciar a él a pesar de llevar varios años intentando conseguir que me dedique uno solo de sus cómics. Qué le vamos a hacer...Continué caminando y encontré un par de exposiciones. Una dedicada a Star Wars y otra centrada en ilustradores vascos. No me detuve en ellas demasiado. En otro stand, descubrí a otros dos dibujantes firmando sus trabajos. Eran Sergio Dávila e Iñaki Holgado. A primera vista estaban bastante rodeados de gente por lo que estuve a punto de pasar de largo. Pero al acercarme un poco más a echar un vistazo, de pronto, casi milagrosamente, descubrí que Sergio se había quedado libre mientras Iñaki continuaba con varias personas. Esta era la mía. Compré su trabajo Legenderry y le pedí que me lo firmara. Él me preguntó si quería un dibujo. Yo le contesté que por supuesto. La verdad es que la pregunta me sorprendió un poco. Me consultó si tenía un papel. Mira por donde eso sí que había traído. Le pasé un Din A-4. Por lo visto el papel satinado del cómic que adquirí no era adecuado para dibujar. ¿Qué quieres? La verdad es que estaba un poco descolocado y no tenía ni idea así que le dije que me dibujara lo que quisiera. Rápidamente comenzó a abocetar un personaje. Cuando completó el boceto me preguntó si sabía quién era. Justo acababa de dibujarle el escudo por lo que yo contesté que el Capitán América. No era mi día con Sergio. Él me aclaró que no. Que era Conan. En mi defensa diré que estaba viendo todo el proceso de dibujo a través de la pantalla de mi móvil con lo que no podía ver los detalles del sketch. Sergio continuó dibujando. Durante todo el proceso se le acercó muchísima gente absolutamente anonadada con su talento. Cuando me entregó su Conan me fui más contento que unas castañuelas. Con Sergio ya había coincidido hace unos años en Avilés pero en ningún momento tuve la oportunidad de acercarme a él. Los elementos se habían aliado conmigo.