martes, 6 de octubre de 2015

Sketch de Fénix, por Adrián Gutiérrez


Con David Rubín se acabó mi suerte aquel día. Estaba en la cola de Fernando Blanco cuando de pronto le escuché comentar que tenía la intención de acudir a la charla de Paul Pope. Miré la hora y me percaté de que empezaba en unos diez minutos. Tenía por delante dos niños por lo que no tenía ninguna posibilidad. Confirmé con Fernando sus intenciones y me marché. Esa noche Gary Frank celebraba su conferencia y sesión de firmas. Cuando llegó el momento logré situarme bastante bien en la cola. Sin embargo, sin saberlo, estaba en el peor sitio de todos. La posición que se queda en puertas de lograr el dibujo, otra vez. Cuando me tocaba a mí llegó el aviso definitivo de que cerraban la dichosa Casa de Cultura. Una lástima. Gary realizó unos sketches superdetallados. La verdad es que me fui a cenar bastante desencantado. Así llegamos al día siguiente, el último de las Jornadas, y la suerte esa mañana seguía sin acompañarme. Cuando llegué a la plaza del Ayuntamiento allí estaba Gary Frank de nuevo firmando a algunos aficionados. Eran en concreto las personas que se habían apuntado a una lista el día anterior. Tras la lista yo tenía otros tres por delante. La situación no era la mejor. Y así fue, una vez terminada la lista de unos ocho nombres Gary Frank se marchó y no firmó más en todas las Jornadas. En total, este año, solo hubo unos veinte afortunados en llevarse un dibujo de este artista. Por allí andaba también Fernando Blanco. Para cuando me situé en su cola ya tenía por delante a unas cuantas personas. No tenía ninguna posibilidad. Tal y como sospechaba terminó la mañana con cero adquisiciones. Mi humor no era el mejor en ese momento. Llegada la tarde me senté en una terraza. Por allí apareció todo el equipo del cómic 1900. Entre ellos Adrián Gutiérrez al que ya mencioné en el post anterior. Me acerqué a saludarlo y le comenté que si en algún momento le apetecía ponerse a dibujar que me dijera; pero que no tuviera prisa que se quedara hablando tranquilo un rato con sus colegas. Poco tiempo le dejaron. Para cuando me quise dar cuenta ya estaba dibujando a un aficionado que se lo había solicitado. Visto lo visto, me levanté y me situé el siguiente. En este caso, no tuve problemas. Al ser un artista joven muchos de los presentes no le conocían. Eso evitó que se formará una gran aglomeración a su alrededor y pude estar bastante tranquilo. Llegado mi turno le pedí una Fénix. Cogió sus lápices y me regaló el estupendo sketch que tenéis delante. La verdad es que es muy bonito y para mí supuso algo más. Romper con una mala racha que había durado cerca de veinticuatro horas.