jueves, 23 de julio de 2015

Sketch de Belzair, por Enrique Fernández

Este es el relato de un pequeño chasco. El Viernes pasado se celebró en la librería habitual de Bilbao una sesión de firmas de Enrique Fernández. Tuve la suerte de poder ir, algo para lo que tuve que pedir permiso al jefe. Una vez llegué al comercio me abalancé sobre el mostrador en busca de un ejemplar del artbook de Enrique Fernández. Hay que tener en cuenta que soy mecenas de los dos números de Brigada con lo que los tengo firmados y con sketch incluido. Por esa razón me lancé hacia el ejemplar del libro de arte sin más miramientos. Una vez pagado me puse en la cola de Enrique. Estaba terminando un fantástico sketch y por delante de mí tan solo tenía una persona más. Ese tiempo de espera lo aproveché para ojear el artbook y ¡Horror! No tiene ningún espacio en blanco en condiciones donde hacer una dedicatoria. No daba crédito a lo que estaba viendo. Lo comenté en voz alta y Enrique dijo que ya buscaría un sitio donde dibujar. Por supuesto que tiene pequeños espacios en blanco; pero nada comparable a los libros de Brigada. Una vez llegué frente a él me coge el libro y lo abre por la primera página. Me comenta que solo puede hacerme un dibujo a lápiz. Que ese papel no está preparado para acuarela. Seguimos con el desastre. A todo el mundo había realizado dedicatorias con pequeños toques de grises. La verdad, no daba crédito a mi mala suerte. Le pedí un Belzair y me lo dibujó en una esquina. Estaba tan chafado con la situación que incluso a la hora de grabar el proceso de dibujo se me olvidó levantar la cámara para que se viera un poco al autor, como suelo hacer siempre. Es la crónica de una sesión de firmas ruinosa para mí. Que conste que Enrique no tiene la culpa. Eso me pasa por precipitarme. Más me hubiera valido coger una segunda copia de uno de los libros de Brigada. Una pena porque el artbook está muy bien; pero estas cosas hay que cuidarlas. Mal, mal, mal.